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Biblioteca Oscar Masotta

La biblioteca de la Escuela Freudiana de la Argentina

Entre libros y lecturas, la biblioteca

Por Ana Lanfranconi

 “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia.”

Estas palabras, citadas por la escritora Irene Vallejo en Manifiesto por la lectura, fueron pronunciadas por Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, en septiembre de 1931.

El poeta nombra, como pocos, el modo en que a veces un libro o unos libros tocan el cuerpo y despiertan, tienen consecuencias.

En tiempos de la inteligencia como artificio, como simulacro de alteridad que amenaza el lazo con el otro, en que el algoritmo impone la imagen y la “lectura” desbocada de lo breve y rápido, en tiempos de capitalismo digital que establece el “efecto rebaño” sin forzar a nadie, la escritora nos recuerda la importancia de la lectura para la democracia: de la palabra lector deriva el término elector. Nos invita a ser custodios de las palabras:  

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Efectos de lectura

Por Pablo Di Giovanni

Lacan retoma el hilo de la vía abierta por Freud, extraviada luego de su muerte, mediante una operación de lectura rigurosa, detenida, a la letra: 

lee a Freud del mismo modo en que nos enseña que Freud lee las formaciones del inconsciente.Entre nosotros, el encuentro de la carta/letra en espera -que Lacan dejó en manos de Pichon Rivière- con un lector dispuesto a dejarse trabajar 

por su ilegibilidad, y el de este con una nueva generación -que eligió una lectura lógica y renovada de la letra freudiana- frente a la seguridad de las vías instituidas para formarse como psicoanalista, tuvo consecuencias.De ese encuentro en dos tiempos son efectos tanto la fundación de nuestra Escuela, hoy hace ya 51 años, como gran parte del psicoanálisis en 

nuestra lengua y, sobre todo, una manera de escuchar y de leer.

Bibliotecas

Por Marta Rodríguez

Cuando pensé en escribir sobre La Biblioteca, acudieron desde mi memoria algunos autores que destacaron esa función en la cultura, uno de ellos es Jorge Luis Borges y otro que llamó mi atención fue Umberto Eco, muy diferentes en sus estilos, pero con algunas coincidencias, en la interrogación sobre si habrá en el futuro lectores…

Una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída… como leerán en el año 2000. Se preguntaba Borges en 1951“.

Eco decía “este mundo está sobrecargado de mensajes y cada uno de ellos no dice nada

Compara al personaje de Borges, Ireneo Funes, un niño que ve y recuerda todo, -y con Internet- lo califica como un “tonto” porque “no puede soportarlo”. “Si supiéramos todo lo que hay en la web nos volveríamos locos”. La memoria, está destinada a recordar y seleccionar. “Nuestra cultura debería diezmar los acontecimientos cotidianos, descartando lo que es inútil o demasiado… “

Complicado para recordar…Internet no tiene nuevos desafíos para la humanidad.”

El conocimiento compartido y común y su comunicación son necesarios para mantener las cosas funcionando”, esta frase de U. Eco, me lleva a pensar la Biblioteca en una Escuela de Psicoanálisis, qué nos dice…

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Lecturas

Por Liliana Pecchia

Realidad psíquica y novela familiar del neurótico son términos que prefiguran la articulación de la ficción como verdad en la estructura de la subjetividad.

A partir de la concepción de lo simbólico en Freud, leída por Lacan, como el inconsciente estructurado como un lenguaje, esa relación se vuelve no solo inevitable sino hace a la estructura del hablante. Somos habitados por el lenguaje en esa dimensión de lalangue, de las marcas que “leímos” de la lengua materna.

¿Qué significa leer en psicoanálisis? Fue una pregunta que Anabel Salafia formuló en la apertura del ciclo de enseñanza en la Escuela del año 1984….
La hago propia para interrogar la función que se desprende de ese verbo. Dice “que de lo que se trata es de aprender a leer el psicoanálisis y que esa es la función de esta escuela, otra manera de decirlo es transmitir la enseñanza de Freud y de Lacan”.

“La transmisión de la enseñanza no es algo que tenga que ver con el conocimiento y que, por lo tanto, no apela a un orden particular de saber sino de contar con un interés particular, un interés especial, el deseo de cada uno puesto en esto. Este saber es independiente del conocimiento o información que cada uno tenga del psicoanálisis”.

Roland Barthes en “El susurro del lenguaje, más allá de la palabra y la escritura”, Le bruissement de la langue en 1984, dice…”la lectura, ese texto que escribimos en nuestro propio interior cuando leemos…” (1).

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¿Qué nos hace una biblioteca? …

Por Marcela Ramunni

En Los años felices Piglia cuenta: “Mi ilusión es tener todos los libros a mano para usarlos cuando una necesidad práctica lo exija, elegirlos cuando mi lectura sea apropiada y esté disponible para ese libro y no otro. Por lo tanto, mi biblioteca y los libros que compro no son para leerlos ahora, sino para una lectura futura que yo imagino que encontrará su lugar en un volumen que he comprado años antes. Una idea que se sostiene en mi tendencia a ver en el presente los rastros del porvenir (y estar preparado)”

Piglia sostenía que el lector, tal como él, es como un detective, un explorador de pistas en cada línea, un buscador de secretos que, entre idas y vueltas, intenta desentrañar el enigma antes de que acaben las páginas. Aquel que se pone a jugar con las múltiples opciones, como forma de mantener siempre viva la búsqueda. Tal vez sea eso lo que más se revela en el acto de leer, esa sensación de que uno nunca termina de saber si está yendo hacia adelante, hacia atrás o hacia algún lado que todavía no existe. Un hacer con el tiempo. Con Piglia, asistimos a la experiencia del acto que su vida de escritor realiza y que hace eco en el cuerpo de cada lector.  

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La biblioteca puede ser una aventura

Por Ursula Kirsch

La invitación a escribir un texto para celebrar la reapertura de la Biblioteca de la Escuela en la nueva sede de la EFA convocó primero el recuerdo del momento de su mudanza. ¿Cómo se llevaría a cabo? La idea del traslado parecía conmover la ilusión de un todo sólido y unitario enmarcado en estantes. ¿Qué pasaría con cada una de sus miles de partes durante la movilización?

Puso en evidencia que el emplazamiento físico de la biblioteca estaba ligado a alguna forma de referencia. La biblioteca de la escuela. ¿Es porque se trata de libros? ¿Qué encierra para cada uno el “amor por los libros”?

Ahí recordé el nombre de la biblioteca: Oscar Masotta.
Se presentó primero lo instituido. Oscar Masotta, Norberto Ferreyra y Anabel Salafia fundaron la Escuela Freudiana de la Argentina. Luego, recuperé el dicho acerca de sus libros –no sabemos si todos, si una parte, o cuáles sí y cuáles no– fueron donados a la actual biblioteca.

Quiere decir que esta biblioteca cuenta con libros que formaron parte de su acervo personal. Su inventario, su enumeración, podrían aportar una información que no parece haber sido explorada. ¿Cuáles fueron los libros que O. Masotta leyó? ¿Cuáles fueron sus búsquedas, sus preguntas? Permitiría tropezar con la sorpresa de los autores que leyó.

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La biblioteca, nuestro lugar

Por Clelia Conde

La biblioteca es el ancla. Si algo está a la deriva de nuestro lugar o nuestro destino. La biblioteca se erige como ese faro intermitente que tanto nos dice de la luz del porvenir como del oscuro pasado. 

La biblioteca no es del orden de lo útil, lo útil es apenas una excusa. Lo que podemos obtener allí apenas le hace mella, no la justifica. La biblioteca es un ser en sí y para sí. Si falta un libro se inclina el otro suavemente para tapar esa vergüenza, el pudor de no poder estar todos en pié, como es tan necesario. Queda trastabillada, pesarosa, su lomo se curva buscando orden. Lo que falta, le falta, y con eso nos enseña. 

Maria Elena Walsh decía: no hay nada más humano que un diccionario. La biblioteca es nuestro diccionario, no está solo para consulta sino para su existencia, para la contemplación de lo que hemos sido antes de ser, para la visión de lo que seremos. Ya nadie existe en un tiempo en que grandes obras puedan ser leídas. No tenemos suficiente soledad, ni suficiente alegría. Pero nuestra alma sería más pobre y más mezquina si los libros no estuvieran allí, testimonio de un deseo que armó un presente. 

En nuestro tiempo, sin casa, nunca temí por la enseñanza, que oral, se abriría paso por el medio que fuera, pero temí por nuestros libros y su lugar. Porque los libros son el lugar de lo que a veces podemos llamar nuestro sin retroceder. ¿Qué más claro podemos decir de cómo Lacan al nombrar su nudo se toma del ejemplo del libro que falta ? Si un libro no está en su orden está infinitamente perdido aunque su lomo asome a ojos vistas.

La biblioteca es lo presente y lo perdido, lo sabido y lo insabido de nuestro encuentro en esta práctica. Cuando miramos la biblioteca sabemos que estamos en casa, aunque no hayamos ni rozado la enormidad de sus páginas. Nuestra riqueza es su trayecto, su recorrido. Del tiempo a nosotros, siempre abierta al porvenir.

¿Cuáles son las coordenadas de la escritura en psicoanálisis? La pregunta concierne a la transmisión del discurso.

Por Alicia Hartmann

Los que escribimos sobre psicoanálisis hemos generado nutridas lecturas, y una gran variedad de artículos que siguen distintas posiciones en relación con la obra de Jacques Lacan. Creemos que su enseñanza atenúa la complejización que produce la publicación de un caso o situación clínica. Lacan nos propone una lógica de la cura que revierte la lógica de una presentación, contribuye a desdibujar relatos y situaciones no necesarias para dar cuenta de la operación del analista.

Cuando escribimos sobre cómo se trabaja la transmisión de un caso, siempre bordeamos lo intransmisible de una experiencia. Esta es una de las tantas aristas desde donde el psicoanálisis mismo es una práctica de lo imposible. Esta frase “traigo un caso”: difícil referirse de otra forma a los movimientos de un análisis, que no son otra cosa que operaciones en el seno de una transferencia. Operaciones que ubican una posición del analizante con relación a la verdad, a la alienación -con relación a la cadena significante- y al saber en tanto son ejes; y cómo interviene el analista en relación al Otro y a la falta.

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¿Qué se lee en un análisis?

Por Marisa Plástina

«Lo único abundante en casa eran los libros: había libros de pared a pared, en el pasillo, en la cocina, en la entrada, en los alféizares de las ventanas, en todas partes. Miles de libros en cada rincón de la casa. Se tenía la sensación de que si las personas iban y venían, nacían y morían, los libros eran inmortales. Cuando era pequeño, quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reykjavik, Valladolid o Vancouver».
Una historia de amor y oscuridad. Amos Oz

Freud aconsejaba para la formación de analistas, además del análisis personal, la literatura.

Aconsejaba leer.

Siempre comentaba algún texto que le hubiese impresionado en sus desarrollos teóricos y la novela era un modo de relato del que disfrutaba.

Lacan, además de llevarnos por la lingüística, las matemáticas y la filosofía,  se interesaba por el modo de decir de los poetas.

Ambos coincidieron en seguir el camino de la lectura.

 ¿A dónde nos lleva leer, una novela, un cuento, un ensayo…? ¿Qué pasa cuando leemos? ¿Qué leemos en un análisis?

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